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La caja

En un día como otro, la triste dama despertó, se sentó en su blanda cama y miró a su alrededor.
Todo era gris, todo oscuro —o tal vez ella lo veía así—, no encontró un solo objeto, que lograra hacerla sonreír.
Mirando hacia los lados, se percató de un rincón con una caja de madera que nunca antes observó.
Con desgana se puso en pie para hacia el rincón caminar, no le movió la amargura, sino su gran curiosidad.
Agachada frente a la caja en un problema reparó, una enorme cerradura escoltaba su interior. De nuevo hacia los lados su vista se dirigió, no había rastro de la llave, desesperanzada se alzó.
Al alejarse del suelo, un tintineo escuchó, miró hacia abajo y con la llave se encontró.
Siempre estuvo en su poder, pero nunca lo notó, se hallaba entre su alma, mente y corazón.
Con intriga cogió la llave y hacia la cerradura la llevó, las piezas coincidieron y la rápido caja se abrió.
Cuán grande la sorpresa, cuando se vio sonreír, a su alrededor, todo a colores —o tal vez ella lo veía así—.
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Murmullos y gritos

Ayuda mil veces pedida construida de gritos sigilosos, ayuda mil veces suplicada frenada por murmullos tramposos.
Murmullos que con sarcasmo ríen, murmullos alegres, murmullos inventados, murmullos que esconden a un corazón exhausto, murmullos que callan a mil gritos desgarrados.
Gritos extenuados, que no pueden ya gritar, que lo intentan y lo intentan sin sonido articular, con murmullos que los callan, murmullos enemigos, enemigos de los gritos, que los rompen sin cesar.
Gritos y murmullos sin remedio enfrentados, gritos necesitados, gritos suplicantes censurados por murmullos, murmullos pudorosos que murmuran a los gritos que no sean desesperantes
.Gritos que en silencio imploran la llegada de una mano amiga, que silencie a los viles murmullos y curen a su alma abatida.

Miedo

Tenemos miedo, miedo a ser, miedo a mostrarnos, a fallar, miedo a tener, miedo a sentir, miedo a saber, miedo a esperar.
Tenemos miedo, miedo a no ser, miedo a no saber, a no llegar, a no ser lo que esperan, a mostrar nuestra verdad.
Tenemos miedo, miedo a reír, a mostrar nuestros dientes, a llorar, a sufrir, a mirar, tenemos miedo, miedo a la gente.
Tenemos miedo, miedo a temer, miedo al defecto, a la imperfección, miedo a querer, miedo a querernos, miedo a soñar, miedo al dolor.
Tenemos miedo, miedo a la opinión, miedo a desear, miedo a preguntar, miedo a decir, miedo a escuchar, a bajar el telón y a decepcionar.


Miedo a nosotros, miedo a vernos, miedo a la verdad,  al rechazo, miedo a responder, a comprender,
miedo a ser nosotros, a ser humanos.

Acero blindado

Golpes y más golpes que sin parar vienen y van, que mortifican y atormentan a mi cuerpo de cristal.
Golpes y más golpes, hacia mi alma dirigidos, que tratan de corromper a mi interior endurecido.
Más golpes que llegan, que vaya donde vaya, con ira, furia y fuerza, sin remedio me alcanzan.
Más golpes que llegan y me quieren atravesar para llegar a mi espíritu, por mi cuerpo de cristal.
Golpead cuanto queráis en mi envoltorio tan blando, que si mi cuerpo es cristal, mi alma es acero blindado.

Queridos errores

Queridos errores, que al dormir me atormentan, que ante todos me avergüenzan, víctimas de mis ofensas. Gracias.
Queridos errores, que trato de ocultar, tal vez con más fuerza que la que empleo en mejorar. Gracias.
Queridos errores, que me han hecho tropezar, que el sabor de la fría tierra, me han hecho saborear. Gracias.
Queridos errores, que logran humanizar a cada éxito logrado con sus golpes de humildad. Gracias.
Queridos errores, que atacan con su lección, lección de tolerancia hacia la temida frustración. Gracias.
Queridos errores, muchas gracias.

Soledad II

Aislada en la noche, inmersa en mi creación, si interrumpen el silencio, se esfumará la inspiración.
Muchedumbre, multitudes, gente a mi alrededor, charlan, parlotean, sin sentido, sin razón, conversaciones mezcladas, que provocan confusión, si no entiendo dichas voces, me invadirá la desazón.
Una noche, un cuaderno, sin ninguna alteración, el silencio, el autoencierro, que purifica mi interior. Mi mente hace un pacto, con la esperada inspiración: yo le ofrezco sosiego y ella su aparición. Yo me aferro a ella, al retiro y su calor. Ella solo me acompaña, con la soledad en mi favor.
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No me toques

No me toques, no lo hagas. Mírame, sonríeme, quiéreme, de las manos, de los brazos, líbrame. No me toques, por favor, no lo hagas.
No lo hagas, no me toques. Me han tocado suficiente,   para del daño ser consciente. No lo hagas, por favor, no me toques.
No me toques, ni lo pienses. Tus brazos, máquinas de tortura, martirizan a mi cuerpo, al que ya le sobra angustia. No me toques, por favor, ni lo pienses.
Te lo suplico, no me toques. Apiádate de mí, de mi mente, de mi alma, de cada cicatriz. Te lo suplico, no me toques.
Y si después de todo el drama, aun me quieres tantear, siento decirte que te toca esperar. Solo cuando sin tu piel de abrazarme seas capaz, solo en ese momento y solo si tu quieres,
mi cuerpo podrás tocar. Mientras tanto, no me toques.